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POLARIZACIÓN, PENSAMIENTOS Y SALUD ¿Habías pensado en ello?

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Son conocidas las actitudes y conductas asociadas con la polarización. Se trata de un estado en el que resulta “natural” manifestar una escalada de pensamientos y comportamientos, que van desde el simple rechazo al otro hasta la descalificación, la humillación e incluso la eliminación del que es considerado adversario/a o enemigo/a.

Estas conductas a su vez están asociadas con emociones como el miedo, el rencor, la depresión, el resentimiento y la ira extrema,

Estos pensamientos, actitudes y conductas, si son expresados de manera continua, tienen el poder de afectar la salud de las personas involucradas. Por ello, no resulta extraño que los líderes involucrados en estas dinámicas polarizantes padezcan las más diversas enfermedades, que puede en algunos casos rozar con la locura (ej.: decapitaciones).

Un tema poco tratado en los estudios del ejercicio del poder y de la política.

Esta actitud de auto-saboteo contrasta con los resultados de los estudios neurológicos que demuestran el poder del cerebro, órgano que posee la facultad de regenerar la salud, a través de otro tipo de creencias y pensamientos sanadores, incluyentes, todos contrarios a los pensamientos y creencias polarizantes.

Según el Dr. Hitzing “Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en las 5 trillones de células que forman un organismo”. Por ello es tan importante cuidar lo que pensamos. Además, descubrió que existen distintos tipos de conductas que producen determinadas emociones:

Las conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, promueven secreción de Serotonina. Las conductas “S” generan actitudes “A”: ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento.

Las conductas “R”: resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencias, represión, facilitan la secreción de coRtisol, una hormona coRRosiva para las células, que acelera el envejecimiento. Las conductas “R” generan actitudes “D”: depresión, desánimo, desesperación, desolación, distanciamiento.

¿Será posible tener un liderazgo sano física y mentalmente, que ya no requiera de este tipo de emocionalidad negativa para ejercer el poder?

LA MENTE REBELDE QUE ALIMENTA LA POLARIZACIÓN 2

romper cadenas 3

En una sociedad donde predomina una mente rebelde, que ha superado la sumisión, la población necesita contención para atravesar este necesaria etapa y construir su propia identidad.

De no tenerla, tenderá a mostrar un comportamiento inestable, desorganizado, que vive el día a día con miedo y desconfianza, que requiere de vigilancia para el cumplimiento de las leyes (de lo contrario, no las acata). De no haber contención ni consecuencias, se convertirá en una población violenta, que fomenta y perpetúa la delincuencia, la formación de pandillas, las extorsiones y el crimen organizado, entre otras, creando  una dinámica autodestructiva difícil de desmontar.

Esta población sobreviviente sin contención es propia de una sociedad con baja gobernabilidad y baja ciudadanía, una sociedad frágil, pre-democrática, con un bajo cumplimiento de la ley y débil funcionamiento de sus instituciones. Si no se organiza y reacciona a tiempo, se convierte en un Estado fallido.

POLARIZACIÓN EN VENEZUELA

VENEZUELA

 Hoy compartimos artículo publicado en la Revista DIÁLOGO, sobre la polarización en Venezuela. Es sorprendente cómo se reproduce de manera casi mimética el mismo fenómeno en cada país, que por sus letales efectos ya tiene categoría de epidemia.

“Escribir en tiempos de gran polarización como la que estamos viviendo, me imagino, debe ser más fácil para aquellos que se ubican en uno de los bandos, porque las emociones afloran con gran fluidez y le dan ímpetu a sus razonamientos. Los lectores, además, están garantizados y ávidos de verse reflejados en la escritura o discurso que los representa. ¿Pero cómo es la situación para aquellos que desean salirse de las dicotomías en conflicto en aras de abrir otras posibilidades y crear otros discursos que pretendan buscar un pensamiento reflexivo? No pretendo resolver la pregunta planteada. Simplemente deseo despertar conciencia sobre la necesidad y obligación que tenemos de intentar espacios de reflexión que superen la contienda.

La intención de escribir este artículo fue, pues, un entrenamiento para liberar los espacios de enunciación y los discursos de la contienda, así como también vislumbrar los peligros de la autocensura que se deriva de estas situaciones. La censura y la autocensura que surgen en estos contextos secuestran la capacidad de discernir sobre los propósitos y despropósitos de cada grupo, y   ambas se imponen como una forma de disciplina que subordina a la crítica y la reflexión. Entonces sucede el reino del silencio, debido a la polarización vigente. Al extremo que la menor observación que se haga sobre el entorno político nacional o internacional puede resultar en un dislate y coloca al hablante en posición sospechosa  por su discrepancia.

La necesidad de cambios sociales y políticos en nuestro entorno ha requerido de la construcción y reconstrucción de nuevos sujetos sociales, lamentablemente se está dando en el contexto de la confrontación. Cada grupo ha ido construyendo su épica, su identidad y su idea de nación en el espacio del conflicto y de la lucha por el poder. Cada lado ha ido resignificando los símbolos nacionales en interpretaciones rivales. Cada uno pretende definir lo nacional bajo conceptos antagónicos de soberanía, transformando, en consecuencia, el espacio público en una guerra de símbolos, con la pretensión de imprimir huellas imborrables y de ir consolidando sus memorias, su identidad y  visión de nación en el tiempo presente.

De esta forma han entrado en (dis)funcionamiento dos lógicas de razonamiento encontradas, basadas en la exclusión del Otro y en la incapacidad del diálogo. Pero más profundo es el desajuste ocasionado por una sociedad que se encuentra movilizada y a la vez paralizada por el miedo, por la intolerancia y por el odio. El lenguaje, los gestos, el tono y la vehemencia con que cada grupo se expresa reflejan no solo una sociedad nacional dividida sino también una incapacidad de reconocer al Otro con sus diferencias. Ambos grupos demuestran estar sumidos en un comportamiento de masas escindidas, que se agrupan en torno a un líder: unos para amarlo,  otros para odiarlo.

Los sujetos y las subjetividades que se construyen alrededor de “sociedad civil” y “revolucionario bolivariano” proyectan las ansiedades que le causan el Otro no reconocido. Ubicados ambos grupos en el contexto de la lucha por los espacios del poder, el no reconocimiento del Otro y su consecuente exclusión ubica el conflicto en el escenario de la violencia y de los opuestos irreconciliables: donde el que le pega al otro clama haber sido agredido.

Es así como el espacio público se ha ido transformando en un escenario de guerra: un escenario puesto allí para prevenir, para repeler, para protegerse de los demonios que se han desatado de tantos años de inequidad. Paradójicamente, ambos grupos terminan acusándose mutuamente de las mismas cosas, como si la mimesis y los discursos especulares fuera en realidad las estructuras verbales y psicológicas que los modelan.

En este contexto, la confrontación política ha colonizado (privatizado) todos los espacios, inclusive ha secuestrado la disidencia en su sentido más amplio. O se está con la revolución o no hay cabida dentro de las instituciones del Estado para el que piense distinto. Por otro lado, o se está incondicionalmente con la oposición o una postura crítica y revisionista es vista como sospechosa. En ambos lados no hay espacio para el ejercicio de la crítica ni del disenso, éstos se encuentran secuestrados, por la autocensura y por el miedo a crear fracturas al interior de cada grupo, que le permitan ya sea a la revolución bolivariana expandir más su campo de dominio o a la oposición debilitar su resistencia.

Es así como las masas movilizadas que giran alrededor de cada grupo y que pudieran aspirar a un ejercicio alternativo de la democracia se encuentran aprisionadas. De este modo, la política como escenario donde diferentes concepciones de democracia y ciudadanía puedan ser debatidos queda clausurada y monopolizada. El espacio público ha sido apropiado privadamente en función de proyectos y sensibilidades antagónicas.

Por esta razón, aplaudimos cualquier esfuerzo que se emprenda para superar la contienda  y para hacer ejercicio de la crítica reflexiva, que permita cambiar la mirada y el discurso de la contienda por uno del diálogo”