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CÓMO SE EXPORTA LA POLARIZACIÓN

EXPORTACIONES

Como un virus, la polarización no tiene fronteras.

Una vez cultivada la cepa en un país, se extiende sin pasaporte alguno hacia todos aquellos con sistemas inmunológicos débiles.

Lugares donde los intereses corporativos de los partidos políticos han monopolizado la toma de decisiones de interés público (por encima de una visión compartida de país).

Lugares donde reina el populismo de derecha y de izquierda y donde buena parte de la población depende de dádivas del Gobierno de turno.

Lugares donde la identidad como país es sustituida por la identidad entre grupos que antagonizan con otros. Y donde tu cedula de identidad viene dada por el color del partido al cual perteneces.

En esos lugares, la primera pregunta es ¿de qué país eres tú?

Y tu respuesta sirve para ubicarte  en uno de los grupos en disputa. Y todo el arsenal de estereotipos asociados con ese grupo te cae encima sin que puedas hacer nada.

A partir de allí, se definen quienes serán tus amistades, tus contactos, tus oportunidades. Así de sencillo.

Y ese procedimiento no está escrito en ninguna parte pero ya está instalado como mecanismo de respuesta en las mentes de las personas.

¿Y de dónde eres tú?

¿CÓMO VEN LA POLARIZACIÓN LOS PARTIDOS POLÍTICOS?

rebaño

Para los Partidos Políticos, la polarización forma parte natural de sus estrategias para la selección, capacitación y permanencia de su militancia. Para ello, identifican un proyecto ideológico que contiene una promesa de bienestar a nivel individual y colectivo. Este proyecto consolida una identidad diferenciadora con el que aspiran al control del poder político.

Con ese mecanismo, captan personas, familias y grupos diversos que se amalgaman en torno a su propuesta programática y electoral, que mantienen a través de una idea de nación y de diversas actividades que los van cohesionando y se impone como una forma de disciplina que es asumida como propia por cada militante. Esta dinámica interna tiende a enseñar el rechazo a las ideologías y a las personas que profesan creencias diferentes. Este rechazo se observa a través del lenguaje, los gestos, el tono y la vehemencia con que cada grupo se expresa en su camino de lucha por el poder y se impone como conducta que reduce la capacidad de reflexión. Los diversos grados de rechazo van a depender del grado de adoctrinamiento desplegado a través de los diversos mecanismos que tiene cada partido para aglutinar a sus simpatizantes y militantes.

Esta dinámica psicológica explica la conversión de las “posiciones” en “verdades”, que se imponen a los demás como “la” verdad.

Así se siembra y se cultiva la polarización dentro de los partidos políticos. Aún más grave, ésta se instrumentaliza  y comienza a ser explotable para el logro de objetivos individuales o corporativos, por encima del interés nacional. En ese caso, aunque sea duro decirlo, la polarización política se convierte en LA estrategia, en la que el poder se reparte como una moneda de cambio y el resentimiento se usa como arma.

En ese contexto, quien no se encuentre entre los dos bandos o promueva el acercamiento es rechazado por ambos y visto con desconfianza. Este rechazo y/o desconocimiento del otro es el germen de la intolerancia y del resentimiento, que son los principales obstáculos para lograr las sinergias que construyen el camino al desarrollo.

Como instituciones, los partidos son cuestionados por la opinión pública, que los visualiza como causantes del deterioro de las condiciones de vida de la población, al no haberse modernizado ni ejercer un liderazgo transparente y capaz de lidiar y liderar este nuevo siglo.